Felipe VI, ¿el primer rey eloqüente?

diciembre 27, 2014

El discurso de Nochebuena del Rey es, con toda probabilidad, el discurso que más expectación despierta cada año en España. En esta ocasión, además, el relevo en la Corona y la cantidad de problemas políticos que se acumulan en sus regios cajones le conferían a la alocución de Felipe VI un espectacular poder de atracción, que se demostró posteriormente con el elevado share que registró. En Eloqüencia, por supuesto, no podíamos sino sumarnos a este momento en el que la oratoria es tema de conversación en todos los salones de España.

Felipe VI Navidad

Sin entrar, evidentemente, a valorar el contenido del mensaje que trasladó Felipe VI, sí podemos estudiar tanto su diseño como la forma en la que lo transmitió. Lo primero que salta a la vista es su clara estructura en tres partes: la corrupción, la crisis económica y Cataluña. El número tres supone, como ya saben todos los alumnos de Eloqüencia, todo un talismán para estructurar un mensaje. También destaca su orientación siempre en positivo: contraponiendo cada crítica con un mensaje de esperanza de cara al futuro y acabando el mensaje con una conclusión motivadora y esperanzadora. Creemos, no obstante, que sería más efectivo coronar el discurso con una frase tan potente como «estaré siempre a vuestro lado como el primer servidor de los españoles» y no haberle adosado al final ese «apéndice» trasladando las felicitaciones de la reina y sus hijas, algo que podía haber dicho antes para no enturbiar un final tan contundente.
Vemos algo más verde el lenguaje no verbal del monarca. ¿Por qué, para marcar con más fuerza el cambio de aires en la Monarquía española, no se atrevió Felipe VI a hacer su discurso de pie? ¿Por qué, tras elegir hablar sentado, adoptó una postura tan asociada con un ambiente distendido, de cafetería, como las piernas cruzadas, que no concuerdan con la solemnidad del escenario? Aunque su rostro fue flexible y transmitió, con la mirada, el sentimiento que quería imprimir a su discurso en cada momento, el empleo de las manos no siempre se correspondió con lo que decía. La culminación de esto fue cuando afirmó que quería algo «de corazón» golpeándose el pecho derecho.
Felipe VI tiene, indiscutiblemente, más habilidades de comunicación que su padre. Esperamos que la evolución positiva que mostró a lo largo del propio discurso —empezando con gestos tímidos, repetitivos y a muy baja altura y acabando soltando algo más sus brazos— continúe a lo largo de su reinado y que Felipe VI acabe siendo el primer rey eloqüente de la historia de España.



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