Premio Anticicerón 2014

enero 19, 2015

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Heredando la tradición que inicié en mi blog, este año concedo de nuevo el insigne Premio Anticicerón al peor momento de la comunicación política en España (aquí los galardonados de 2013, 2012 y 2011).

La afortunada no ha aprendido, ya que fue merecedora del Anticicerón del 2012. No es otra que Ana Mato. La ya exministra de Sanidad ya apuntaba maneras hace dos años con respecto a su falta de actitud y aptitud, que se presupone para alguien con una cartera ministerial.

La exministra debe la pérdida de su cargo a su mala gestión de la crisis del ébola y a su evidente mala comunicación en una situación de crisis sanitaria como la sufrida en 2014. Todas sus intervenciones son un claro ejemplo de lo que nunca debe hacerse en una comunicación de crisis.

Primero, afirmó en septiembre que el ébola ¡nunca llegaría a España! Ya se sabe que en política la ley de Murphy funciona a la perfección: siempre que hay probabilidad de que algo ocurra, acabará ocurriendo.

Segundo, esta crisis vino a ejemplificar el problema de tener en un cargo a una persona que no domina la materia en cuestión, ni técnica ni retóricamente hablando. Su falta de formación en ambos campos dejó patente su falta de preparación. Pero lo que es peor, visualizó a todos los españoles que la responsable de solucionar el problema, no dominaba la situación, sino al revés, la situación le dominaba y cada día le desbordaba más y más. Y si ya en una situación de liderazgo, esta es una premisa esencial, dominar la escena; en una crisis ya no digamos.

Los alumnos de Eloqüencia están cansados de oírnos decir lo importante que es que el líder de la manada arroje seguridad y confianza, no solo en el mensaje, sino incluso más importante, en la forma. Y ahí es donde Ana Mato se hace más que merecedora del premio Anticicerón.

Para ello, analicemos la rueda de prensa en octubre en la que, rodeada de cargos del Ministerio, evita responder a todas las preguntas. Además, desvía con la mirada las preguntas a sus subalternos. Podemos observar e incluso escuchar sus súplicas en baja voz y casi sin mover los labios, cual ventrílocuo maneja uno de sus muñecos parlanchines, para que fuesen otros quienes contestasen a los periodistas.

Sus gestos nerviosos con el papel, el bolígrafo, la simulación de que escribe notas, sus miradas desesperadas en busca de auxilio… Todos estos indicios reflejaron su falta de seguridad y preparación. Resulta increíble, que en situaciones así, un ministro no prepare con su equipo una batería de respuestas y de mensajes coherentes y preparados con antelación. Una vez más, observamos una puesta en escena comunicativa dirigida por la improvisación y la usual mediocridad retórica de nuestra clase dirigente. Tanto fue así, que días después tuvo que ser la vicepresidenta del Gobierno quien asumiera la gestión de la crisis. Ana Mato tenía pues ya los días contados en el Ministerio de Sanidad, y todo por no darle importancia, una vez más, a la comunicación.

Descuidar la comunicación ha sido el mayor error de Ana Mato. Le ha costado su relevo en el Ministerio y, un año más, el Precio Anticicerón.